El ambiente fue genial, nuestros primeros contactos fueron con aficionados catalanes. Bilbao estaba plagadito, desde la mañana ya veía banderas catalanas como capas y un "algo especial" en el ambiente que daba una sensación placentera.
Evidentemente yo quería que ganara Euskadi. Cuando Catalunya marcó el primer gol sufrimos y no las teníamos todas con nosotros pero al empatar la ilusión iba cambiando. Casi casi hasta tal punto de ver un 2-1, pero no pudo ser.
Finalmente el resultado quedó en un 1-1, pero me alegro. Me alegro porque cada equipo tuvo su dosis de felicidad, porque ambas aficiones nos pudimos ir con buen sabor de boca y porque el buen rollo que había entre ambas no se paga con nada! Ya podría ser así siempre, ir a ver un partido sin tener que pelear u odiar a los del equipo contrario, sino estrecharse la mano y disfrutar juntos. Para mí lo mejor del partido, sin duda la gente!
Châpeau!
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