Este peculiar rincón, obra del famoso pintor vasco Agustín Ibarrola, está situado cerca de las famosas Cuevas de Santimamiñe. Recorriendo unos 40 kilómetros en coche desde Bilbao capital se llega a este paraje. Primero nos topamos con Lezika, un conocido restaurante con un entorno precioso a los pies del Bosque pintado.
En principio se debe dejar en su aparcamiento el coche, aunque al parecer también está permitido subirlo hasta las cercanías del bosque... Nosotras hicimos la subida a pie, 3kilómetros por un buen camino en medio de un entorno y unas vistas envidiables. Hasta llegar a nuestro destino, donde encontramos diferentes pinturas en troncos de árboles, mezclando colores, trazos, dibujos y sensaciones al detenerse frente a ellos.
Para mayor facilidad nos indican unas flechas situadas sobre piedras en el suelo dónde situarnos y hacia dónde mirar para observar detalles que igual pasan inadvertidos frente a nuestros ojos, ya que algunas pinturas hay que mirarlas desde una perspectiva concreta para reparar en su conjunto, ya que lo conforman varios troncos.
Un sitio mágico donde perderse...

Ibarrola tiene ese toque, esa magia que impregna en sus originales obras. Si Bizkaia no os pilla muy a mano también podreis “visitarle” en Llanes (Asturias) con sus Cubos de la Memoria o en Salamanca con su Bosque encantado.
1 comentario:
¡¡Cómo me gustó el Bosque de Oma!! Recomendado totalmente. Y "los cubos de la memoria" también pude verlos y me gustaron a saco. Recomendados también.
¡Ale, a ir de excursión dominguera!
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